Por la mañana, al ir al trabajo y apresurarse para tomar el autobús, cuando llegó a la parada, el autobús ya había arrancado. El joven corría y gritaba: ¡Conductor, espérame! ¡Conductor, espérame! En ese momento, un pasajero asomó la cabeza por la ventana y le dijo: Wukong, ¡ya no lo persigas!